*San Martín no tuvo respuestas para salirse de un libreto previsible y vacío*

La derrota de San Martín ante Atlanta no fue solo un tropezón en el marcador; fue un golpe a la ilusión de un equipo que, en su propia casa, se mostró desconocido, sin alma y, lo que es más preocupante, sin fútbol. El equipo de Bolívar y Pellegrini careció de protagonismo y se hundió en un desorden futbolístico que terminó pagando caro.

 

Desde el inicio, el “Santo” se mostró inconexo. Hubo una brecha insalvable entre las líneas, con un mediocampo que nunca fue aduana y una delantera que quedó aislada, librada a su propia suerte. Lo más alarmante fue la ausencia total de situaciones reales de riesgo: San Martín no pateó al arco con convicción y nunca puso en jaque el libreto de un Atlanta que, con muy poco, hizo su negocio.

 

La reacción que nunca llegó

Tras el golpe del gol visitante, el equipo entró en una parálisis. La reacción desde el banco de suplentes fue tardía. Si bien entrar en el terreno de las hipótesis es fútbol ficción, queda la sensación de que una respuesta anímica y táctica a tiempo —antes de lo que se decidió— podría haber torcido el rumbo. Sin embargo, el equipo se quedó sin respuestas ante un escenario que le exigía romper el molde.

 

Analizando el frío desarrollo del juego, el saldo es deficitario. No hubo puntos altos para rescatar y, lo que duele más al socio, es que nunca se hizo sentir el peso de la localía. La Ciudadela, que suele ser una caldera, fue testigo de un equipo tibio que nunca encontró la brújula.

 

Llamado de atención y nubarrones en el horizonte

Este tipo de actuaciones funcionan como un fuerte llamado de atención. Hay algo que debe cambiar con urgencia: quizás en la planificación semanal, o quizás en una mentalidad que parece fragilizarse ante la adversidad.

En los pasillos y en las tribunas, la frase que retumba es lapidaria: “Es un partido saca DT”. Será tiempo de esperar y observar la reacción del plantel y del cuerpo técnico ante el descontento evidente de una hinchada que no solo exige resultados, sino que quiere ver fútbol. El torneo es largo, es cierto, pero dejar todo para el tramo final es un riesgo que San Martín no puede permitirse. El hincha ya avisó: quiere ver a su equipo jugar a otra cosa.