Falleció el Indio Solari: su fanatismo por Boca, el vínculo con Riquelme y el texto que le dedicó
Emblema de la cultura argentina, el legendario músico murió este viernes a sus 77 años
Argentina se vio sacudida este viernes por la mañana con la noticia del fallecimiento de Carlos ‘Indio’ Solari, ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, músico legendario y emblema cultural del país.
Tenía 77 años y estaba enfermo de Parkinson, lo cual lo obligó a retirarse de los escenarios en 2017. Había aparecido públicamente por última vez en enero a través de un mensaje cuando recibió el Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.
Reconocido fanático de Boca y admirador de Juan Román Riquelme, con quien construyó una relación de amistad en los últimos años, siguió siempre de cerca todo lo acontecido en el conjunto de la ribera y apoyó al ex futbolista en su incursión en la política del club.
“Yo jugué un poco al fútbol, me gustaba. Tiraba buenos centros, pero ante todo era amigo de los que jugaban bien y por eso me metían en sus equipos. Fui un buen marcador. Ahora, ojo: no pasaba diez metros de la mitad de la cancha, porque no me gustaba entrenar. Era sucio para jugar, no pegaba fuerte pero te sacudía el tobillo todo el primer tiempo y en el segundo ya no podías correr”, contó Solari en su biografía autorizada Recuerdos que mienten un poco.
Allí también hizo referencia a su relación con el hoy presidente del Xeneize y hasta le dedicó un texto de su autoría.
Del Indio a Riquelme, el texto que le dedicó
“Un artista, creo yo, casi desconociendo tal magnitud y aceptando con gratitud ser un músico popular, tiene el deber de cruzar la frontera del sentido común de la sociedad donde se manifiesta. Visitar esa tierra incógnita la veces que sea necesario para así observar la vida desde un estado de conciencia que escapa con paso rápido de las tradiciones, del legado de los muertos. Sus recompensas son la soledad, el viento recio y transitorio de la pasión y las borracheras provocadas por la belleza ocasional.
Probablemente no consiga nunca que su destino sea nada más que el eco de sus deseos. Debe, entonces, ser lo suficientemente valiente como para que el temor no le impida a su apetito amoroso exponer lo que cree que debe expresar. Aceptará que su destino sea relativo pasajero y violento. Sus emociones, sus reflexiones y sus juicios personales, si no toma por asalto la esquiva belleza, no son nada. De lo extraordinario y extraño debe nutrirse su estilo (que nunca es neutral).
Ahora bien, luego de todo este parloteo con el que he jugado a describir lo que no me es propio, recién ahora veo que una definición ejemplar y clara me llega para acabar con este intento en vano. Y digo entonces: UN ARTISTA ES ROMAN”.
Recuerdos que mienten un poco

